Por Francisco Paniagua
El concepto “Banalidad del mal” fue emitido por la filósofa y socióloga Hannah Arendt tras el análisis del comportamiento de Adolf Eichmann cuando fue juzgado por genocidio contra el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial.
Según Arendt, Adolf Eichmann no poseía una trayectoria o características antisemitas y no presentaba los rasgos de una persona con carácter retorcido o mentalmente enferma.
Actuó como actuó simplemente por deseo de ascender en su carrera profesional y sus actos fueron un resultado del cumplimiento de órdenes de superiores. Era un simple burócrata que cumplía órdenes sin reflexionar sobre sus consecuencias.
La campaña contra la ministra del interior, Faride Raful es una copia exacta de ese comportamiento donde los esbirros de grupos con intereses que no han podido desacreditar la gestión pública, han decidido atacar la imagen personal de una mujer de familia y de un muy buen nombre.
Quienes no pueden personalizar la defensa del desorden que la ministra ha decidido acabar sucumben a las detracciones propias de la creatividad que adorna como talento a quienes no son capaces de rebatir ideas, aquellos que creen ser parte del debate nacional sin tener las condiciones.
La política se ha dejado contaminar por esos personajes que hacen maldad creyéndola una tarea política del momento, los mismos que luego te sonríen como si el descrédito a la persona es solo un juego de momento o parte de una escena en un cortometraje. Cuando un funcionario, sobre todo mujer, no tiene muchos ángulos débiles por donde embestir, estos reyes de la soberbia infieren la más ruin de las mentiras para tratar, porque no lo logran, des meritar la imagen personal porque la política, aunque siempre tendrá algún nivel de rechazo no puede ser diezmada.
“La soberbia es una incapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder” Y quienes usan del poder del dinero o de un micrófono para confrontar con bajezas lo que no pueden con ideas son eso, mediocres hinchados con el poder momentáneo adquirido sin talento.
A esos que pagan y no dan la cara, a los que dan el frente para como sicarios mediáticos, abyectos a las lisonjas y prebendas:
Malditos, mil veces malditos!!!
