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Líderes como moneda de cambio

In Opinión, Política
mayo 19, 2025

Desde la Costa.
Henry M. Domínguez

A veces, los líderes no caen por debilidad ni por falta de visión, sino por ingenuidad. Por no saber diferenciar entre una alianza y una absorción. En el afán de avanzar rápido, de no quedarse fuera de las grandes decisiones, muchos terminan siendo utilizados como piezas dentro de agendas que no controlan. Confunden respaldo con respeto, y terminan perdiendo autonomía a cambio de un falso sentido de pertenencia a algo “más grande”.

Esto pasa más seguido de lo que se admite, tanto en el mundo empresarial como en la política. Líderes bien intencionados aceptan condiciones, financiamientos, cargos o alineamientos con grupos o entidades que los presentan como aliados estratégicos, pero que, en realidad, solo buscan ejecutar su propia agenda. Una vez esa agenda se cumple o fracasa, el líder que prestó su cara, su estructura o su voz queda expuesto, debilitado o, en el peor de los casos, destruido.

Un ejemplo claro de esto lo vivió Nokia. En su mejor momento, fue líder indiscutible del mercado móvil. Pero en 2011, al verse amenazada por la innovación de Apple y Android, intentó reposicionarse aliándose con Microsoft. La jugada parecía lógica: dos gigantes que podían complementarse. Sin embargo, el acuerdo traía un desequilibrio profundo. Stephen Elop, un ejecutivo de Microsoft, fue colocado como CEO de Nokia, y desde dentro redirigió toda la estrategia hacia la integración con el sistema operativo Windows Phone, propiedad de Microsoft.

En poco tiempo, Nokia abandonó su propia tecnología y colocó todos sus recursos al servicio de una plataforma que no logró competir. El resultado fue catastrófico: la empresa perdió cuota de mercado, reputación y valor. En 2014, fue comprada por la misma Microsoft a una fracción de lo que alguna vez valió. No fue una fusión de agendas. Fue una entrega. Y no fue un error técnico. Fue un error de liderazgo: Nokia creyó que tenía un socio, cuando en realidad estaba cediendo su independencia.

Esto no solo pasa en el mundo corporativo. También en la política es común ver líderes que terminan actuando como fichas en el tablero de fuerzas más grandes. Gobiernos extranjeros, organismos multilaterales, grupos económicos o incluso alianzas partidarias disfrazadas de colaboración, logran imponer su agenda sobre aquellos que confunden ayuda con dirección. Lo peligroso no es aliarse, sino hacerlo sin claridad de lo que se está negociando y sin límites definidos.

El liderazgo responsable no teme las alianzas, pero las entra con ojos abiertos. Porque cuando una relación desequilibrada se disfraza de acuerdo estratégico, el líder deja de ser un agente de transformación para convertirse en una moneda de cambio. Y lo peor es que muchas veces ni siquiera se da cuenta hasta que ya es tarde