Al igual que los primeros imperios agrarios del Carcano y Oriente Medio, basados en la explotación urbana del excedente de cereales del campo, las ciudades mayas dependían de la producción de diversos cultivos, destacando el del maíz. Y, como aquellos, , la sequía pudo llevárselas por delante. Lo que ha descubierto ahora un grupo de investigadores es que desde el 870 y hasta el 1100 de esta era hubo ocho eventos de sequías extremas en la península del Yucatán, una de las áreas centrales de la civilización maya. Y acotan lo que significa una sequía extrema: tres o más años consecutivos con la estación seca alargada al menos tres meses o, directamente, en los que no hubo estación húmeda.
La primera de estas sequías se inició en 894. Le siguió un año con un régimen de precipitaciones normal, al que sucedieron otros cinco años seguidos sin apenas lluvias. El evento más duradero se produjo en 929, donde las precipitaciones fueron anómalamente bajas durante 13 años. Se trató de la sequía más duradera desde que hay registros, tanto precolombinos como en los siglos posteriores
