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El papa Francisco celebra la Pascua de Resurrección en San Pedro; recorre plaza en el papamóvil 

In Mundiales
abril 21, 2025

Santo Domingo.- El papa Francisco, aun convaleciente de su infección respiratoria, apareció en el balcón de la logia central de la basílica de San Pedro para la bendición Urbi et Orbi tras la misa del Domingo de Resurrección y después quiso saludar desde el papamóvil a los cerca de 50.000 fieles congregados en la plaza de San Pedro.

Francisco no ha participado en ninguno de los ritos de la Semana Santa debido a que sigue recuperándose tras haber pasado 38 días en el hospital por una neumonía bilateral y haber sido dado de alta el 23 de marzo.

Durante la bendición, el pontífice permaneció sentado en la silla de ruedas, no llevaba las cánulas nasales para el oxígeno, deseó una “Buena Pascua” y pidió al maestro de ceremonias, Diego Ravelli, que leyese el mensaje de la Pascua.

El papa Francisco recorre la plaza de San Pedro en su papa móvil

Posteriormente, por sorpresa, el papa recorrió la plaza de San Pedro en papamóvil durante varios minutos e incluso detuvo el vehículo para bendecir a algunos niños, aunque se le notaba con dificultad en los movimientos.

Francisco había apareció de nuevo por sorpresa este sábado cuando acudió a rezar a la basílica de San Pedro antes de la celebración de la Vigilia del Sábado Santo y se detuvo a saludar a algunos grupos de peregrinos estadounidenses que estaban en esos momentos en el templo.

El papa ha estado ausente en todos los ritos de la Semana Santa vaticana y sólo acudió en la tarde del Jueves Santo a la cárcel romana de Regina Coeli, cerca del Vaticano, para un saludo a los reclusos como había hecho desde el inicio del pontificado.

“La vivo como puedo”, respondió el pontífice, con un hilo de voz, desde la ventanilla del coche a su salida de la prisión, preguntado por los medios sobre cómo vive esta Semana Santa en estos momentos delicados de su salud.

Vigilia Pascual

El papa pide en la Vigilia traer esperanza mientras soplan “tantos vientos de muerte”

El papa Francisco pidió ser mensajeros de esperanza “mientras tantos vientos de muerte aún soplan sobre nosotros”, en la homilía que había preparado para la Vigilia del Sábado Santo y que, en su ausencia, mientras continúa su convalecencia por su infección respiratoria, fue leída por el cardenal Giovanni Battista Re en la basílica de San Pedro.

Francisco, que se encuentra aún convaleciente por la grave infección respiratoria por la que tuvo que estar ingresado 38 días en el hospital Gemelli de Roma, del que fue dado de alta el 23 de marzo, acudió antes de la ceremonia a la basílica a rezar ante la tumba de San Pedro y a saludar a los peregrinos.

El papa delegó en Re, decano del colegio cardenalicio, para oficiar esta larga celebración de más de dos horas, en la que se conmemora la espera de la resurrección de Jesús y que inicia con la basílica totalmente a oscuras mientras que poco a poco se va iluminado con la luz de las velas de los fieles y concelebrantes.

“El papa está espiritualmente con nosotros”, dijo Re antes de leer la homilía preparada por Francisco.

“Cuando sentimos aún el peso de la muerte en nuestro corazón, cuando vemos las sombras del mal seguir su ruidosa marcha sobre el mundo, cuando sentimos arder en nuestra carne y en nuestra sociedad las heridas del egoísmo o de la violencia, no nos desanimemos, volvamos al anuncio de esta noche: la luz resplandece lentamente incluso si nos encontramos en tinieblas”, escribió el papa en su homilía.

Francisco pidió “reproducir la Pascua en nuestra vida y convertirnos en mensajeros de esperanza, constructores de esperanza mientras tantos vientos de muerte aún soplan sobre nosotros”.

“Podemos hacerlo con nuestras palabras, con nuestros pequeños gestos cotidianos, con nuestras decisiones inspiradas en el Evangelio”, añadió el papa.

Instó a los fieles a con su vida ser presencia de esperanza para “quienes carecen de fe en el Señor, para quienes se han extraviado, para los que se han rendido o caminan encorvados por el peso de la vida”.

Y también “para quienes están solos o encerrados en su propio dolor; para todos los pobres y oprimidos de la tierra; para las mujeres humilladas y asesinadas; para los niños que nunca nacieron y para aquellos que son maltratados; para las víctimas de la guerra”.

La ceremonia, una de las más largas de la tradición y cargada de simbolismos, comenzó con la bendición del fuego en el atrio de la basílica y el encendido del cirio pascual. Después se produjo la tradicional procesión con la entrada de los concelebrantes en total silencio y a oscuras, y sólo con las velas encendidas para representar la ausencia de luz tras la muerte de Jesucristo.